Hace 400 años Rodrígo de Vivero y Aberruza jugó un papel importante en las relaciones entre Japón y México. Él en su viaje de regreso de Manila Filipinas hacia la Nueva España (México) naufragó en las costas de Chiba el 30 de Septiembre de 1609. Los naufragos lograrón sobrevivir gracias al calor humano de las mujeres japonesas que con su cuerpo se brindaron a cuidarlos. Al darse cuenta los japoneses de que entre los viajeros iba el antiguo gobernador de Luzón (nombre al que llamaban a las Filipinas) Un señor importante llamado Odaki personalmente lo socorrió y por su cuenta proveyó de lo necesario para el bienestar de los Náufragos por treinta y siete días.
Posteriormente Vivero fue llevado a Edo, la actual Tokio. Allí Odaki le expresó el deseo de comerciar con la Nueva España y de invitar a cincuenta mineros para que se trasladaran a Japón y enseñarles a los mineros Japoneses sobre las más avanzadas técnicas metalúrgicas para procesar plata.
Durante su estancia, Vivero visitó varias ciudades de Japón. Finalmente zarpó el 1 de Agosto de 1610 rumbo a Nueva España. Con él viajaron el padre Alonso Muñoz, embajador de Tokugawa Ieyasu (padre de Odaki), con cartas y regalos para Felipe III (Rey de España) y para el virrey de la Nueva España, así como 23 mercaderes japoneses encabezados por Tanaka Hozuke y shura Ryusai. Finalmente, el 27 de Octubre de 1610 llegó a Matanchel, Baja California. En la Ciudad de México, Rodrigo de Vivero, el padre Alonso Muñoz y los mercaderes japoneses fueron recibidos calurosamente por el virrey Luis de Velasco, Hijo.
Esta serie de eventos dieron inicio a las relaciones entre México y Japón. Es así que desde el 2009 hasta finales del 2010 se celebra el 400 aniversario de lazos de amistad y cooperación entre ambos países.
Fuente: México y Japón: Crónica de 400 años de relaciones amistosas y económicas y 50 años de vínculos empresariales, C.P Benito Yamazaki Endo, México 2008

